


No todo el mundo encuentra el soporte perfecto en el que revelarse.
Yo lo intenté con un profesional, pero sólo le dije lo que él quería escuchar, ni más ni menos. Pero el papel es distinto. Delante de él soy fuerte, me inspira. Siempre que veo una libreta que me gusta, la compro, porque tal vez en ella consiga escribir todo lo que me pasa dentro.
Es curioso, porque no sigo un patrón determinado para mi elección de libretas. Pero todas son especiales. Alegres, negras, infantiles, personalizadas, perfectas, castigadas. Especiales.
Y en ellas, parte de mi vida.
Palabras regaladas a quien no puede leerlas, palabras para mi.
Salvavidas.
Y la última: Woody